miércoles, 8 de febrero de 2017

VISLUMBRES DE LA CIENCIA DIVINA


Bajo el título Vislumbres de la ciencia Divina intentaré plasmar las conjeturas, intuiciones y conclusiones a las que he llegado a lo largo de mi vida buscando, analizando y reflexionando sobre las grandes preguntas que todo hombre se ha hecho alguna vez en su vida ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿de dónde procede el Universo?, ¿qué hacemos aquí?, ¿a dónde vamos?...
No quiero que se entienda que lo que voy a explicar aquí son verdades absolutas o definitivas, pues como el título dice son simplemente vislumbres, los juicios que me he formado al estudiar las grandes obras de los maestros espirituales de todas las épocas y observar los indicios y efectos relacionados con la ciencia sagrada, después de meditarlos y analizarlos internamente. El lector debe decidir, con su análisis y juicio interno, si lo que aquí se explica obedece o no a la verdad, pues será su propio ser espiritual el que le informe, aunque a veces sea de forma velada como a la mayoría de los seres humanos. El propio San Pablo dijo que aquí (en el plano físico) «vemos como por un espejo, oscuramente». Lo que quiere decir que, aunque no todo, si nos aplicamos en su estudio, algo podemos percibir de la ciencia Divina. Y Hermes Trimegisto (tres veces maestro) dejó escrito: «Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba». Lo que significa que si estudiamos los hechos y símbolos del mundo físico llegaremos a descubrir lo que ocurre en el Mundo Espiritual. O, lo que es lo mismo: si analizamos las leyes del mundo material, descubriremos las del mundo espiritual. Esta premisa hermética puede ponerla en práctica cualquiera que se interese por descubrir las verdades espirituales, pues hoy sigue tan vigente como cuando fue formulada.
No es el cometido de esta obra hablar de grandes tratados espirituales, ni de términos complicados, ni de ciencias difíciles de entender. Me he propuesto ser sencillo y hacerme entender lo máximo posible. Aunque con esto no quiero decir que la Gran Ciencia Divina sea una ciencia sencilla, sino solamente que intentaré traducir mis intuiciones y conclusiones sobre ella a un lenguaje que pueda ser entendido por la gran mayoría de personas, algo que no siempre resultará fácil, dado el nivel tan profundo de algunos temas que se tocarán.


Composición del hombre


Cuando nos contemplamos en un espejo vemos nuestra imagen reflejada en él y suponemos que somos lo que estamos viendo: una forma física que nos caracteriza y nos hace diferentes a los demás. Es cierto, somos lo que estamos viendo, pero no solo eso, sino también algo más, algo que no alcanza a ver nuestro sentido de la vista, pero que sabemos que está ahí. Me refiero al sentimiento y al pensamiento. Si no fuéramos más que un cuerpo físico, seríamos semejantes a la piedra o a cualquier objeto inanimado del mundo material. Pero nos movemos y tenemos sentimientos y pensamientos. Por tanto, no somos solo cuerpos con una forma física, sino seres que son capaces de moverse, sentir y pensar. Pero el sentir y pensar no podemos observarlo con la vista ordinaria, es necesario experimentarlo en nuestro interior. Entonces, ¿qué es esto que experimenta?, ¿qué es esto que hace que podamos movernos, sentir y pensar?, ¿dónde se encuentra?, ¿pertenece al cuerpo físico o dentro del cuerpo físico hay otros cuerpos?
Estas preguntas llevaron a los antiguos filósofos a preguntarse sobre la composición del hombre y llegaron a la conclusión de que este se componía de una parte material tangible (cuerpo) y una parte espiritual invisible (alma). Más tarde, algunos pensadores dividieron al hombre en tres partes: una parte material (cuerpo físico); una parte espiritual (espíritu) y una parte que participa tanto de uno como de otro (alma).
Sea como fuere, lo cierto es que tenemos que reconocer que ciertas partes de nosotros mismos no son visibles para el mundo exterior, pero, sin embargo, nos pertenecen, son parte de nosotros; sin ellas no podríamos ser lo que somos. Básicamente estaremos de acuerdo en que tenemos tres partes, al menos, que podemos diferenciar si pensamos atentamente en ellas: el cuerpo, cuya forma es visible a todo el que posee el sentido de la vista; el sentimiento, que no es visible para este sentido; y el pensamiento que tampoco lo es. Si miramos a un ser humano, lo único que vemos es su aspecto físico y le suponemos sentimientos y pensamientos. Ahora bien, si no los tuviera, no podríamos saberlo con una simple mirada a su cuerpo físico. Sería necesario otro sentido, el de la vista espiritual. Pero es fácil deducir que los tiene, aunque no dispongamos de dicha visión por la manera en que se comporta en su vida diaria.
En efecto, según dijo Hermes Trimegisto: «Todo es mente, el Universo es mental». Y podemos afirmar que esto es lo más cierto que conocemos. Porque, por ejemplo, echemos un vistazo a una casa y pensemos un poco en ella. Inmediatamente vendrá a nuestra mente que, antes de ser construida,  tuvo que ser diseñada por alguien. Es decir, antes de ser algo en el mundo físico, ha sido algo en el mundo del pensamiento; antes de ser una realidad material, ha sido una idea en la mente de alguien. Así ocurre con cada proyecto que se lleva a cabo en el mundo físico: primero existe como idea y después llega a existir como realidad. Y esa idea primero está en la mente de un ser humano. De aquí podemos deducir, aunque sea someramente, que el mundo de formas construidas por el hombre y visibles por nuestro sentido de la vista existe gracias al mundo invisible de nuestra mente, de la mente de todos aquellos que lo materializaron.
Por tanto, la primera conclusión a la que llegamos es que en nosotros hay una parte invisible que crea parte de lo que es visible, ya que sin esa idea concebida por nosotros la casa de la que hablamos más arriba nunca habría podido construirse. Si no tuviéramos ideas, no podría existir nada atribuido al hombre, ninguna construcción material sería posible si solamente fuéramos una parte física visible sin capacidad para pensar y tener ideas. Pero el hombre sí que puede y, como consecuencia, muchas de estas ideas las termina llevando  a la práctica. Pero también, como hemos dicho, en el actual estado evolutivo, en el que se encuentra, puede tener sentimientos y deseos, y estos son los que le mueven a actuar en una u otra dirección, es decir, pensamientos y sentimientos se unen para llevar a la práctica un determinado tipo de acción.
Por lo que antecede, nadie dudará de que en el hombre conviven al menos tres partes: Una parte material, una parte sentimental y una parte mental. Luego ya no podemos hablar solamente de cuerpo físico en el sentido de que es lo único que existe. Así pues, aunque las tres partes permanecen unidas, para entendernos podemos llamarlas como lo han venido haciendo las distintas escuelas espirituales y herméticas: Cuerpo Físico, Cuerpo de Deseos o Astral y Cuerpo Mental. El Físico es la parte material; el de Deseos, una parte espiritual que genera sentimientos; y el Mental, una parte espiritual que genera pensamientos.
Pero el cuerpo físico, sin la parte vital no podría tener ningún movimiento. Así pues, nuestros cuerpos estarían sin movimiento, serían cuerpos físicos, con sentimientos y pensamientos pero sin poder moverse, lo que no sería muy divertido. Por lo tanto, debe existir algo más en el hombre que es lo que hace que tenga movimientos. Este algo es la parte energética, la vida. En efecto, junto a la forma física existe la energética o vital que, aunque pertenece al mundo material, no es visible. Los maestros espirituales han llamado a esta parte Cuerpo Etérico o Vital.

Pues bien, ya tenemos al hombre en la Tierra tal como lo conocemos hoy: un ser compuesto por materia, vida, sentimientos y pensamientos. O, lo que es lo mismo: Cuerpo Físico (que dividiremos en dos: Físico y Etérico), Cuerpo de Deseos o Astral y Cuerpo Mental. Estudiemos un poco más de cerca estas partes del hombre.

La próxima semana hablaré de los distintos cuerpos

1 comentario:

Lara Caeiro dijo...

Buenas tardes, soy una estudiante de Filología Hispánica que está realizando un trabajo sobre las fábulas orientales, en concreto, sobre las indias. Me he centrado especialmente en la de la guerra entre los cuervos y los búhos que se recoge en el Panchatantra y posteriormente en el Calila e Dimna. Estoy intentando recopilar toda la información posible: la existencia de la misma fábula pero con diferentes personajes en otras culturas; fábulas diferentes pero con la misma moraleja en los distintos países; o simplemente diversas versiones. He visto que uno de sus trabajos está especializado en fábulas, y le escribo para preguntarle si tendría información sobre esto. Es un trabajo centrado en el ámbito académico, pero por supuesto citaría su nombre en la bibliografía y agradecimientos.
Muchas gracias por su atención y disculpen las molestias,
Lara Caeiro