viernes, 4 de febrero de 2011

EL SENDERO DE CRISTO: Itinerario del Alma

En la famosa sentencia crística, «Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí», se encierra toda la historia de la Humanidad que, desde ese momento se inició. La vida y muerte de Cristo marca el inicio de un nuevo tiempo. Los contadores se pusieron a cero y, a partir de ahí, en la mayor parte del mundo, la historia de la Humanidad se dividió en antes o después de Cristo.
Cristo lo expresó con claridad: En efecto, su ejemplo de vida es el itinerario más seguro para llegar al Padre. Podemos decir que es la hoja de ruta para alcanzar la perfección, el camino más seguro para llegar al reino de los cielos. Pero nosotros preferimos ir dando rodeos y elegimos otros caminos que, por supuesto, también nos llevarán un día allí, pero quizá más tarde y con más dificultades. Tenemos miedo de imitarlo, de seguir el sendero que él siguió, porque su vida no fue precisamente un «jardín de rosas», implicaba amor, compromiso, incomprensión, sufrimiento… y, por qué no decirlo, si se contempla con los ojos terrenos, también un poco de locura. Nos aterroriza poder pasar lo que él paso, dejar a un lado lo que constituye nuestros placeres y bienestar, abandonarnos a no se sabe qué forma de vida extraña.
Nuestra fe falla, el miedo nos paraliza, y preferimos ir dando rodeos, pisando por algún tiempo el sendero crístico, pero volviendo después a los caminos más apacibles y seguros (desde nuestro punto de vista) de nuestra vida cotidiana. Pero, precisamente, el camino más seguro es el sendero de Cristo y, cuando entendamos esto, habremos dado un gran paso en nuestra evolución. El sendero de Cristo es precisamente lo contrario de lo que creemos que puede ser. Él ya se sacrificó, ya hizo el camino, nosotros sólo tenemos que transitarlo, pero es que, además, resulta que en este camino no hay temor, ni dolor, ni sufrimiento, sino amor, bienestar y alegría, si se contempla con los ojos del espíritu y se sabe ver lo que ocurre y por qué; pero para eso tenemos que perder el miedo. El único dolor y sufrimiento que nos puede sobrevenir al transitar este camino, así como cualquier otro, es el de nuestro pasado kármico, el de nuestras propias causas negativas puestas en circulación en algún momento de nuestro pasado. Pero esto, como he dicho anteriormente, no se trata de un castigo divino, ni es el resultado de transitar el sendero de Cristo, más bien es una enseñanza que debemos aprender. El karma de dolor, enfermedad, el sufrimiento son necesarios para fortalecer aquello que debilitamos en el pasado por nuestro comportamiento erróneo. Se trata de aprender la lección. No es algo gratuito, sino que tiene un sentido en nuestra evolución que, al entenderlo, nos fortalecerá.
Cuando uno tiene que hacer un viaje, ¿es mejor que lleve un mapa, una hoja de ruta o que inicie su viaje sin ninguna guía? Pues, a mi modo de ver, la guía del viaje de la Humanidad es Cristo y, si la seguimos, llegaremos con seguridad a buen puerto y no nos perderemos en el camino. De lo contrario, sí que podremos perdernos y sufrir las consecuencias de un viaje sin previsión creando más dolor y sufrimiento tanto a nosotros mismos como a los demás. Pero que nadie se alarme, no se trata de ningún castigo divino ni de ningún destino caprichoso, sino de la falta de previsión del viajero que ha sido advertido, mediante su ejemplo de vida, por alguien de inteligencia muy superior, y que ya ha hecho ese viaje, sobre el mejor modo de transitarlo.
Como ya dije al iniciar este artículo, la historia futura de la Humanidad se encierra en la vida de Cristo, en su ejemplo, en su camino. Él dio en su día las pautas que todo ser humano ineludiblemente tiene que seguir para perfeccionarse ya sea más lentamente o más rápido. En mi libro: Jesús y Cristo, historia oculta de una Misión Divina, se dan siete pasos de iniciación cristiana, para poder seguir el sendero en línea recta y no desviarnos ni a un lado ni al otro, aunque reconozco que seguirlo así es difícil, principalmente por nuestros miedos y nuestra falta de confianza. Estos siete pasos tienen que ver con acontecimientos importantes de la vida de Cristo y, como veremos, cada uno encierra una simbología que habla al cristiano de cómo debe comportarse cuando le ocurran cosas parecidas. Son los siguientes: Bautismo o Nacimiento Místico, Transfiguración, Lavatorio de Pies, Getsemaní, Crucifixión, Resurrección y Ascensión. Intentaré resumir aquí lo que cada paso encierra simbólicamente y los consejos que se dan al iniciando en el sendero de Cristo:

1.- Bautismo o Nacimiento Místico

Este primer paso lo habremos dado cuando lleguemos a un estado de pureza anímica. Es decir, tendremos que crear esa «tierra pura» en nuestro interior, donde podremos albergar al Cristo místico. Esto lo conseguiremos si somos capaces de IMITAR A CRISTO EN CADA OCASIÓN QUE SE NOS PRESENTE EN LA VIDA, si nos comprometemos desde ahora a trabajar para el reino de los cielos. Solo así conseguiremos que lo que nació en Jesús de Nazaret cuando fue bautizado por Juan el Bautista, pueda nacer también en nosotros, esto es, la fuerza crística. Ya con la fuerza crística en nuestro interior, seremos sometidos a tentaciones para salir airosos de nuestros apegos pasados, de nuestros comportamientos erróneos. No somos nosotros quienes valoramos si hemos llegado a esta etapa, sino la divinidad; pero llegar aquí supone un esfuerzo constante por comportarse de una manera en la que se cultiven los frutos del espíritu de los que hablaba San Pablo en su Epístola a los Gálatas: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gálatas 5: 22).

2.- Transfiguración

Una vez que ha nacido en nosotros la fuerza crística y nos comportamos como verdaderos cristianos (pero no con esfuerzo, sino porque ya somos así y no podemos ser de otra manera), entonces se nos presenta el segundo paso, la transfiguración. Cuando llegamos a este paso, nuestro espíritu interno brilla como consecuencia de haber sido compenetrados por el Cristo. La transfiguración representa la etapa en que las fuerzas luciféricas han sido expulsadas de nuestro interior, pues el discípulo ya no tiene deseos ni pasiones terrenales y negativas, alimento de los luciferes, sino que sus deseos se han transformado desde hace tiempo y son acordes al orden divino. En la mente del discípulo, al llegar a esta etapa, siempre deben primar las siguientes palabras: CONVERTIRÉ MIS PENSAMIENTOS, SENTIMIENTOS Y ACTOS EN ALGO QUE SEA TAN PURO COMO EL ORO.

3.- Lavatorio de pies

En este ejemplo de Cristo, tenemos la dinámica del servicio hacia el ser inferior. Él es un ser superior, pero no utiliza su rango para machacar ni para aprovecharse del prójimo en beneficio personal, sino que lo hace para ayudarle, para servirle, para enseñarle. Reconoce que si ha llegado donde está es gracias a todos los que están en un nivel inferior al suyo. El maestro asciende de nivel gracias a que tiene que enseñar a sus alumnos. Si no hubiera a quien enseñar, no podría ascender. Si observamos la oleada de vida animal, vegetal y mineral, podemos darnos cuenta de que lo superior se nutre de lo inferior. El animal necesita al vegetal para subsistir y el vegetal al mineral. Así mismo el ser humano necesita al animal.
Como vemos, se trata de poner en práctica una dinámica que es muy distinta a la que muchos ponen en práctica hoy, cuya máxima es aprovecharse del ser inferior y más débil para sacar tajada en beneficio propio.
Al llegar a este estado de conciencia, el discípulo debe ser capaz de entender que tiene que servir a los que están por debajo de él, ayudarles a que un día puedan llegar a donde él ya ha llegado, a que puedan alcanzar su nivel. Cada vez que el discípulo piense en el lavatorio de pies debería meditar en las siguientes palabras LO QUE SOY LO DEBO A LOS QUE ESTÁN EN UN ESCALÓN MÁS BAJO QUE EL MÍO. POR TANTO, TENGO QUE AYUDARLES EN TODO OCASIÓN QUE SE ME PRESENTE, PARA QUE UN DÍA PUEDAN SUBIR DONDE YO ESTOY.

4.- Getsemaní

Quien no ha tenido que sufrir alguna vez su propio Getsemaní. Cualquier persona, en algún momento de su vida, ha tenido la tentación de pasar de largo y no realizar aquello que sabe que tiene que hacer y ha mantenido una lucha en su interior entre hacerlo o no hacerlo, entre cumplir con su misión, con la vocecita de su conciencia, o no hacerle caso y darle la espalda.
Cuando el discípulo llega a esta fase, debe tener la suficiente humildad como para pedir ayuda a Dios. Debe ser capaz de decir con el Cristo SI ES POSIBLE PASE DE MI ESTA COPA, PERO NO SE HAGA MI VOLUNTAD, SINO LA TUYA.
Estas palabras mágicas harán que aquello que tengamos que realizar como misión y que no nos gusta o nos produce aburrimiento o malestar, se nos torne como por obra de magia en algo con lo que disfrutamos y, en última instancia, nos aportará la alegría que produce saber que hemos hecho lo que debíamos hacer.

5.- Crucifixión

Al igual que la etapa anterior, ésta puede ser dura, pero habrá ganado en compasión y amor. El amor maternal es lo que más puede asemejarse a este paso en el camino. En el discípulo ahora ha florecido el amor maternal por toda la humanidad. Comprende a todos los seres por malvados que puedan ser, porque sabe que no saben lo que hacen. En esta etapa, el discípulo se lanza a ayudar a todo aquel que lo necesite, aunque este sacrificio por la Humanidad, esta forma de actuar puede acarrearle grandes sufrimientos. Pero sigue adelante, pues siente que no hay mayor amor que éste: que uno ponga su vida por sus amigos.
Se necesita mucho amor para soportar tan tremendas pruebas y ser capaz de dar su vida por los demás, pero las anteriores etapas le han suministrado la fuerza y se siente apoyado y ayudado por la Divinidad. La mayoría de las veces, este dar la vida por los demás se refiere a darla de forma simbólica, es decir, renunciando a lo que constituirá nuestro deseo para complacer a nuestro prójimo o para trasmitirle una enseñanza que no entendería de otra forma. Aquí el discípulo se sentirá reconfortado repitiendo las siguientes palabras: SERÉ VALIENTE Y SOPORTARÉ CUALQUIER SUFRIMIENTO QUE EL MUNDO QUIERA LANZAR SOBRE MÍ, SIN QUEJARME, PUES EL AMOR QUE HABITA EN MÍ ME DA LA FUERZA QUE NECESITO.
Después de esto se da cuenta de que no sólo es capaz de esto, sino de soportar lo que en el Evangelio se describe como la coronación de espinas. Aquí debe decirse: NI LA BURLA NI LA MOFA NI EL ESCARNIO PODRÁN CONTRA LO SAGRADO QUE LLEVO DENTRO.
Más tarde, la escena de Cristo con la cruz a cuestas representa la etapa en la que el discípulo está preparado para cargar con su cruz. Cargar con la cruz significa que se debe entender que el cuerpo físico es como una cruz, una casa temporal para el espíritu. No representa al hombre real. Por eso debe poder llegar a decirse: MI CUERPO ES UNA ESPECIE DE CRUZ QUE TRANSPORTO, COMO PODRÍA LLEVAR UN TROZO DE MADERA. ES NECESARIO EN ESTA ÉTAPA DEL CAMINO Y DEBO CUIDARLO COMO ALGO SAGRADO, PERO NO ES EL HOMBRE REAL.
Al pasar por todas estas pruebas con éxito, el discípulo llega a una especie de muerte mística, una iniciación, donde parece extinguirse todo lo que conoce. El mundo de los sentidos se volatiza y, de repente, se halla en la oscuridad. Pero llega un momento en el que de esa oscuridad se abre un velo, una cortina, donde, tras el mundo físico, puede ver el mundo espiritual. La meditación del discípulo entonces es la siguiente: LA MUERTE NO EXISTE: TRAS LA OSCURIDAD Y EL VELO DE LA MUERTE APARECERÁ EL VERDADERO MUNDO, EL MUNDO ESPIRITUAL.

6.- Resurrección

La resurrección representa la toma de conciencia de la inmortalidad. En ese momento, el discípulo ha entrado en el reino de los cielos, es decir, ha obtenido la visión espiritual y ya no volverá a perderla. Se ha hecho clarividente y sabe quién es y por qué está aquí. En esta etapa el aspirante experimenta el Amor que parece abarcar todo y siente que está unido a toda la Creación. Aquí es donde, en parte, se hacen realidad las palabras de Cristo: «Yo soy la resurrección y la vida».

7.- Ascensión

Se dice que este paso no se puede expresar en lenguaje humano. Sólo podrían entenderlo aquellos que han pasado por él y han aprendido a pensar sin el órgano humano del cerebro.
Podemos resumir diciendo que las seis primeras etapas pueden ser comprendidas (no percibidas) por cualquiera que necesite o dependa del cerebro para pensar, pero la séptima etapa sólo es comprendida por el clarividente que no dependa de su cerebro como instrumente para pensar, sino que haya llegado al estado de conciencia en el que ya no necesite a ese órgano, sino que haya experimentado por sí mismo lo que es pensar y ver sin el cerebro físico.

Estas siete etapas de la iniciación cristiana no representan, como dije anteriormente, el único camino, ni tampoco, desde mi punto de vista, se presentan necesariamente en orden, una detrás de la otra, sino que pueden presentarse, a lo largo de una vida sin un orden concreto, como recapitulaciones (capítulos en los que se iniciaron las etapas pero no se concluyeron con éxito), como lecciones o materias a aprender y aprobar. En la medida en que seamos conscientes y sepamos identificarlas, podremos pasar el examen con más éxito que si las dejamos pasar como si no tuviesen que ver nada con nosotros. Pues creo que este camino es un itinerario del alma para llegar a la perfección y de nosotros depende transitarlo mejor o peor, más lento o más rápido. Nótese que no se trata de una forma de comportarse en un momento determinado y ya está, sino de llegar a comportarse siempre de esta forma, es decir, integrar una forma de ser o comportamiento que ya no nos abandonará nunca, la forma de ser crística, que es la más elevada a la que podemos aspirar

sábado, 5 de junio de 2010

Experiencias

Cada vez estoy más convencido de que el hombre necesita pasar por todas las experiencias humanas, ya que el no comprender la experiencia del prójimo hace que la interpretemos desde nuestra propia experiencia y, como es natural, de forma impropia y sin conocimiento de causa.

La experiencia de los demás, cuando es una experiencia que nosotros hemos vivido, hace que expresemos la clásica frase: “Te entiendo perfectamente”. En cambio, cuando no ha sido vivida por nosotros, tendemos a juzgar y a interpretar erróneamente lo que hace o como se comporta el otro.

Actuar así ha de empujarnos, sin lugar a dudas, a vivir lo que el otro está viviendo y a comportarnos de forma semejante y, entonces, tendremos suficientes elementos de juicio para hablar de la experiencia del prójimo entendiéndole desde dentro.

Editorial extraído de la revista "Savia" nº 14.

miércoles, 3 de febrero de 2010

El Cristo Cósmico y el Cristo interno (Interpretación a la luz del siglo XXI

"Díjoles el ángel: "No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesias Señor, en la
ciudad de David". Esto tendréis por señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado sobre un pesebre. Al instante se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad".

Lucas 2 -10,14


El nacimiento de Cristo no significa lo mismo para todos. El ateo lo contempla como un hecho insignificante, un nacimiento más, ocurrido a lo largo de la historia de la Humanidad y divinizado por algunos hombres; el católico entiende que Dios se hizo hombre para salvar a la Humanidad
perdida en el pecado original mediante el sacrificio de la cruz; las demás religiones interpretarán este hecho de acuerdo a sus convicciones religiosas, y habrá incluso quienes nieguen que este hecho haya ocurrido realmente.
Por poco que alcemos nuestros ojos hacia el Sol en su recorrido anual, veremos al Cristo nacer todos los años, llenando de energía y de vida nuestro planeta y salvándonos de una muerte segura. El Sol durante este recorrido parece, en efecto, imitar año tras año el nacimiento, muerte y resurrección de Cristo. Veamos como:
Si en la noche del 24 de Diciembre, cuando el signo de Virgo está naciendo en el horizonte oriental, el Sol no iniciase su recorrido hacia el hemisferio norte, toda esa parte de la humanidad moriría de frío y de hambre y la noche terminaría adueñándose completamente del día. En este sentido, el hecho histórico parece haber existido para hacernos llamar la atención sobre este continuo acontecimiento cósmico: el Cristo nace de una virgen en la noche del 24 de diciembre para salvar a la Humanidad. El Sol nace del signo de Virgo (la virgen celestial) e inicia su recorrido hacia el hemisferio norte. dándole la luz y la energía para que la tierra produzca el alimento y no perezcan sus habitantes ( salva a la humanidad).
El Cristo nace de noche en una cueva donde las tinieblas son más densas.
El Sol nace en el solsticio de invierno, en la noche más larga del año ( cuando las tinieblas son más densas).
Si siguiéramos buscando analogías, seguramente encontraríamos muchísimas más; pero hay otro hecho sobre el que me gustaría llamar la atención, y es sobre el Cristo interno:
Parece que la historia de Cristo ha de tener un día lugar en nuestro interior, es decir, Cristo debe nacer en cada uno de nosotros, transformar todas nuestras tendencias y unificarlas en la tendencia crística. Y aquí también hay analogía:
Cristo (símbolo de nuestro Yo espiritual) nacerá en nuestro interior en el momento más peligroso y oscuro, cuando el yo material (representado por el rey Herodes) se ha adueñado de nuestra voluntad y proclama que sólo existe él. Pero este Cristo, que al principio es una tendencia débil, debe irse fortaleciendo hasta derrocar por completo al impostor y hacerse por completo con el mando de nuestra voluntad. Cuando ocurra esto, cuando nazca el Cristo en nuestro interior, crezca, muera y, mediante su sangre vertida, transforme todas nuestras tendencias, recibiremos la iluminación y recordaremos todas nuestras encarnaciones pasadas, siendo conscientes de nuestro origen divino.
Jesús García-Consuegra González (Revista Savia nº 7)

sábado, 9 de enero de 2010

Perder el juicio.

Decía Rudolf Steiner que el materialismo del hombre termina degenerando kármicamente, en su cuerpo, de enfermedad nerviosa, llegando incluso a producir verdaderas epidemias de locura en pueblos enteros cuando éstos se inclinan al materialismo de forma común.
El olvido de que somos espirituales y, como tales, eternos, nos lleva a renegar de la Divinidad y a defender ideas materialistas como el único pensamiento válido. Ideas que pueden ser muy racionales, muy bien estructuradas, geniales, pero que en realidad empequeñecen al hombre, lo hacen mortal, finito, insignificante, lo alejan de lo que realmente es: pervierten la certeza infinita del Ser.
No, no es esa la idea que debemos tener de nosotros mismos. No somos tan insignificantes. Somos algo más que un cuerpo físico, algo mucho más importante de lo que nos creemos. Sólo que lo hemos olvidado.
Por tanto, debemos empeñarnos en buscar nuestra parte espiritual, nuestro centro. Hemos de recuperar la memoria. El Ser que somos se halla dentro de nosotros mismos. Por mucho que nos digan que no existe, está ahí, lo presentimos, lo notamos, lo intuimos. Sabemos que Grandes Almas nos han precedido en el camino, han dejado su huella, su luz en el sendero. Si nos acercamos a ellos, si los imitamos, si seguimos el camino de acercamiento a nuestro SER ESPIRITUAL, menos tiempo tardaremos en encontrarlo.
En cambio, seguir la dirección contraria supone, como bien decía Rudolf Steiner, ir camino de la locura, pues todo aquello que no permanece en su centro termina perdiendo todo contacto con lo que Es, y perderlo es perder el juicio.
Extraído del editorial de la revista Savia nº 17

miércoles, 26 de agosto de 2009

Los manuscritos descubiertos en Nag Hammadi

En Diciembre del año 1945 tuvo lugar un asombroso descubrimiento en el Alto Egipto, cerca del pueblo de Nag Hammadi: unos campesinos hallaron por casualidad trece códices de papiro forrados en cuero y enterrados en vasijas de greda selladas, en total más de 1100 páginas de antiguos manuscritos. Los textos estaban escritos en copto, aunque eran probablemente traducciones desde originales griegos.
La historia del descubrimiento no está exenta de leyenda, como todo lo que rodea a los grandes hallazgos de la Humanidad. Muhammad Ali al-Samman y sus hermanos (según contó él mismo 30 años después), antes de vengar la muerte de su padre, ensillaron sus camellos para ir a por tierra para fertilizar sus cultivos. Mientras cavaban cerca de un gran peñasco toparon con una vasija o jarra de barro de cerca de 1 metro de alto. Iba a romperla cuando pensó que tal vez la vasija contuviera en su interior un espíritu maligno, y le entró miedo. Pero, al final, la idea de que pudiera contener oro fue ganando terreno y, cogiendo su azadón, hizo pedazos la jarra, descubriendo que en su interior no habitaba ningún espíritu maligno, sino que había trece papiros encuadernados en cuero.
Muhammad Ali al-Samman y sus hermanos no dieron mucha importancia a este descubrimiento, aunque sí pensaron que podrían sacar algún beneficio por ellos. Cuando regresaron a casa, dejaron los libros en el suelo, cerca del horno, donde algunas hojas sirvieron para avivar el fuego, según reconoció la propia madre de Muhammad Ali-Samman.
Poco tiempo después, Muhammad Ali al-Samman y sus hermanos vengaron la muerte de su padre. Y temiendo que la policía pudiera registrar su casa y dar con los manuscritos, Muhammad Ali al-Samman pidió al sacerdote al-Qummus Basilyus Abd al-Masih que hiciera el favor de guardarle los textos. Éste accedió y, en los días siguientes, mientras Muhammad Ali al-Samman y sus hermanos eran investigados por la policía, enseñó uno de los libros a un tal Raghib, profesor de historia de la localidad, el cual se dio cuenta de que podía estar ante textos de mucho valor. Le pidió un libro al sacerdote y solicitó a un amigo de El Cairo que lo tasara. Después los compró por once libras egipcias.
No se sabe muy bien cómo los manuscritos fueron a parar al mercado negro y vendidos a través de comerciantes de antigüedades. Más tarde, los funcionarios del gobierno egipcio se dieron cuenta y compraron un manuscrito y confiscaron diez libros y la mitad de otro de los trece existentes. Estos libros, denominados códice, según el nombre científico dado a todo conjunto de hojas plegadas y cosidas juntas, se depositaron en el Museo Copto de El Cairo frenando su diseminación y fuga fuera de las fronteras de Egipto. Pero gran parte de uno de los códices, con cinco textos históricamente valiosos, desapareció y fue sacado del país de forma clandestina y puesto a la venta en América.
El profesor Quispel, historiador de la religión en Utrecht, en los Países Bajos, tuvo conocimiento de este códice y pidió a la Fundación Jung de Zurich que lo comprase. Cuando lo tuvo en su poder, descubrió que le faltaban algunas páginas. Y en la primavera de 1955 emprendió rumbo a Egipto con la intención de hallarlas en el Museo Copto. Una vez allí solicitó el préstamo de fotografías de algunos textos para descifrarlas. Tras un examen atento y minucioso se dio cuenta de que se hallaba ante textos de un valor histórico incalculable, pues al descifrar la primera línea, quedó sobrecogido, allí pudo leer lo siguiente: "Estos son los dichos secretos que pronunció Jesús el Viviente y que el mellizo Judas Tomás puso por escrito”. Este texto le planteaba nuevas dudas acerca de sus estudios anteriores sobre un Evangelio de Tomás: ¿Tenía Jesús un hermano gemelo, según se podía entresacar de este texto? ¿El texto era una crónica auténtica de las palabras de Jesús? Quispel tenía en sus manos un evangelio de Tomas. Descubrió que muchos de los dichos de este evangelio eran conocidos gracias al Nuevo Testamento, pero que, según pudo darse cuenta más tarde, la interpretación que se les podía dar era completamente diferente, pues este evangelio se denominaba secreto. Se apartaba de la interpretación que pudieran dar las religiones. Pues aunque muchos de los dichos de este evangelio ya se conocían a través del Nuevo Testamento, sin embargo, la interpretación que se les podía dar era completamente diferente.
Lo que había llegado a las manos de Quispel, El Evangelio de Tomás, era sólo uno de los 52 textos que se habían descubierto en Nag Hammadi. Estos textos se componen de escritos religiosos y herméticos, obras de sentencias morales, escritos apócrifos y una reescritura de la República de Platón.

De entre todos los escritos encontrados en Nag Hammadi, probablemente los más importantes sean los que hemos elegido para esta edición: El Evangelio de Tomás, El Evangelio de Felipe, El Libro Secreto de Santiago, El Libro de Tomás, El Libro Secreto de Juan, y El Evangelio de la Verdad.

martes, 16 de junio de 2009

La fuerza del pensamiento

Cuando salga este número tal vez se mantenga todavía la tregüa de E.T.A. decretada el pasado septiembre. Si es así, habremos dado todos un paso gigantesco hacia la paz, hacia esa paz que parecía imposible.
No importa de quien haya sido la idea de llevarla a cabo, estoy seguro de que ha partido de una buena voluntad, una voluntad que recogió todas las buenas voluntades del planeta y venció frente a todas las malas que, seguro, también pasaron por su cabeza. Todos sabemos que el amor es el que finalmente triunfará y, sin embargo, cuan dificil es, a veces, quitarse el odio, el rencor y la rabia de encima; pero cuando finalmente uno se la quita, se quita una maldición y un peso terrible que lo incomodaba y lo aplastaba constantemente.
No importa quienes sean los artífices de la paz, ni quienes sean los que muestren su imagen ante tal acontecimiento, seguro que todos nosotros hemos puesto nuestro granito de arena: con nuestros pensamientos, con nuestros deseos, con nuestra manifestación pública. Eso es algo que hemos hecho y que podremos seguir haciendo. Según la ciencia oculta, todo acto físico empezó primero por un pensamiento.
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Este texto lo he extraido del editorial de la revista "Savia" nº 7. Si te interesa puedes verla picando en
http://www.alariel.com/pdf/revista/savia7.pdf

sábado, 30 de mayo de 2009

¡Ven a visitarnos a la Feria del Libro en Madrid (Retiro)

Te invito a visitar la Feria del Libro de Madrid, que se celebrará en el Parque del Retiro del 29-5-2009 al 14-6-2009.
Allí estaré firmando mis libros EL SIGNIFICADO DE LOS NOMBRES, COMO LEVANTAR UNA CARTA ASTRAL, GUIA PARA INTERPRETAR LOS SUEÑOS,JESÚS Y CRISTO, HISTORIA OCULTA DE UNA MISIÓN DIVINA y LOS MANUSCRITOS DESCUBIERTOS EN NAG HAMMADI.
estarÉ en la caseta nº 155 y, además de beneficiarte del 10% de descuento en tu compra, te obsequiaré con una lámina con el significado de tu nombre.