miércoles, 3 de febrero de 2010

El Cristo Cósmico y el Cristo interno (Interpretación a la luz del siglo XXI

"Díjoles el ángel: "No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesias Señor, en la
ciudad de David". Esto tendréis por señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado sobre un pesebre. Al instante se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad".

Lucas 2 -10,14


El nacimiento de Cristo no significa lo mismo para todos. El ateo lo contempla como un hecho insignificante, un nacimiento más, ocurrido a lo largo de la historia de la Humanidad y divinizado por algunos hombres; el católico entiende que Dios se hizo hombre para salvar a la Humanidad
perdida en el pecado original mediante el sacrificio de la cruz; las demás religiones interpretarán este hecho de acuerdo a sus convicciones religiosas, y habrá incluso quienes nieguen que este hecho haya ocurrido realmente.
Por poco que alcemos nuestros ojos hacia el Sol en su recorrido anual, veremos al Cristo nacer todos los años, llenando de energía y de vida nuestro planeta y salvándonos de una muerte segura. El Sol durante este recorrido parece, en efecto, imitar año tras año el nacimiento, muerte y resurrección de Cristo. Veamos como:
Si en la noche del 24 de Diciembre, cuando el signo de Virgo está naciendo en el horizonte oriental, el Sol no iniciase su recorrido hacia el hemisferio norte, toda esa parte de la humanidad moriría de frío y de hambre y la noche terminaría adueñándose completamente del día. En este sentido, el hecho histórico parece haber existido para hacernos llamar la atención sobre este continuo acontecimiento cósmico: el Cristo nace de una virgen en la noche del 24 de diciembre para salvar a la Humanidad. El Sol nace del signo de Virgo (la virgen celestial) e inicia su recorrido hacia el hemisferio norte. dándole la luz y la energía para que la tierra produzca el alimento y no perezcan sus habitantes ( salva a la humanidad).
El Cristo nace de noche en una cueva donde las tinieblas son más densas.
El Sol nace en el solsticio de invierno, en la noche más larga del año ( cuando las tinieblas son más densas).
Si siguiéramos buscando analogías, seguramente encontraríamos muchísimas más; pero hay otro hecho sobre el que me gustaría llamar la atención, y es sobre el Cristo interno:
Parece que la historia de Cristo ha de tener un día lugar en nuestro interior, es decir, Cristo debe nacer en cada uno de nosotros, transformar todas nuestras tendencias y unificarlas en la tendencia crística. Y aquí también hay analogía:
Cristo (símbolo de nuestro Yo espiritual) nacerá en nuestro interior en el momento más peligroso y oscuro, cuando el yo material (representado por el rey Herodes) se ha adueñado de nuestra voluntad y proclama que sólo existe él. Pero este Cristo, que al principio es una tendencia débil, debe irse fortaleciendo hasta derrocar por completo al impostor y hacerse por completo con el mando de nuestra voluntad. Cuando ocurra esto, cuando nazca el Cristo en nuestro interior, crezca, muera y, mediante su sangre vertida, transforme todas nuestras tendencias, recibiremos la iluminación y recordaremos todas nuestras encarnaciones pasadas, siendo conscientes de nuestro origen divino.
Jesús García-Consuegra González (Revista Savia nº 7)