sábado, 9 de enero de 2010

Perder el juicio.

Decía Rudolf Steiner que el materialismo del hombre termina degenerando kármicamente, en su cuerpo, de enfermedad nerviosa, llegando incluso a producir verdaderas epidemias de locura en pueblos enteros cuando éstos se inclinan al materialismo de forma común.
El olvido de que somos espirituales y, como tales, eternos, nos lleva a renegar de la Divinidad y a defender ideas materialistas como el único pensamiento válido. Ideas que pueden ser muy racionales, muy bien estructuradas, geniales, pero que en realidad empequeñecen al hombre, lo hacen mortal, finito, insignificante, lo alejan de lo que realmente es: pervierten la certeza infinita del Ser.
No, no es esa la idea que debemos tener de nosotros mismos. No somos tan insignificantes. Somos algo más que un cuerpo físico, algo mucho más importante de lo que nos creemos. Sólo que lo hemos olvidado.
Por tanto, debemos empeñarnos en buscar nuestra parte espiritual, nuestro centro. Hemos de recuperar la memoria. El Ser que somos se halla dentro de nosotros mismos. Por mucho que nos digan que no existe, está ahí, lo presentimos, lo notamos, lo intuimos. Sabemos que Grandes Almas nos han precedido en el camino, han dejado su huella, su luz en el sendero. Si nos acercamos a ellos, si los imitamos, si seguimos el camino de acercamiento a nuestro SER ESPIRITUAL, menos tiempo tardaremos en encontrarlo.
En cambio, seguir la dirección contraria supone, como bien decía Rudolf Steiner, ir camino de la locura, pues todo aquello que no permanece en su centro termina perdiendo todo contacto con lo que Es, y perderlo es perder el juicio.
Extraído del editorial de la revista Savia nº 17